miércoles, 23 de diciembre de 2009

...

Recuerdo mi primer pensamiento al verte… “oh dios, qué guapo” y como se me cortó la respiración. Recuerdo que tu enrevesada personalidad y tu carita de niño bueno, hicieron de ti una droga irresistible, mi única adicción. Cada palabra, cada gesto, cada sonrisa, cada silencio, cada segundo de tu vida inundaba de felicidad mi mundo.

Al principio, me propuse divertirme, disfrutar el momento, dejarme llevar por la alegría que reinaba en mi mundo, pero cometí un error, me enamoré. Recuerdo el primer beso que me diste como si fuera ayer, y aun siento tus labios en la palma de mi mano, ahí cometí el error. Sí si, como lees, me equivoqué.

Me equivoqué porque te lo he dado todo desde ese día, mi lealtad, mi constancia, te di mi vida a manos llenas, sin pedirte absolutamente nada… ¿Y tú qué me das? Me das la extraña sensación de sentirme amada como a una novia a ratos, querida como a una hermana otros tantos, e indiferente como una extraña de vez en cuando. Un día me prometes que soy tu prioridad, que harás lo imposible para que encaje en tu vida; luego te agobias, y paso a ser una amiga; luego más que eso, y después de cara a los extraños, una simple compañera…

¿Qué soy realmente? ¿Por qué si sólo soy una compañera de facultad, te empeñas en que conozca a tu familia? ¿Por qué si te importo tan poco, te aferras a mí? ¿Y por qué si te importo tanto, me desprecias? Por qué, por qué, por qué…

Porque siendo tan grande, eres apenas un niño. Porque pudiendo levantar con tus propias manos 100 kilos, acurrucado en mi vientre te sientes protegido. Porque tienes miedo a todo y a todos, incluso a mí, incluso a ti. Porque no eres consciente de tu grandeza personal, y no sólo física. Porque no te quieres…

Cuando empecé a escribir esta entrada, tenía intención de desahogarme y darte el finiquito, me sentía mal, enfadada conmigo misma por ser así de estúpida y de entregada; pero no… Navego en un mar de dudas, es cierto, pero sólo tengo dos cosas claras: una, que te quiero, y dos, que tus ojos reflejan la inocencia de un niño.

Voy a estar contigo, porque quiero estar contigo. Voy a intentar que ese niño grande crezca en tu interior, voy a abrirte las puertas de la madurez, pero poquito a poco… guardándome mi genio desmesurado, y desarrollando esa mano izquierda que tanta falta me hace, para que un día, sin apenas darte cuenta, seas libre de las cadenas que te atan y te hacen pequeño. Quiero que aprendas a caminar solo en un mundo de adultos, pero por si tropiezas, yo guiaré tus pasos de la mano.

Sé que no será fácil, sé que surgirán miles de problemas, y sé que tenemos obstáculos muy importantes, en forma de seres humanos; pero creo en ti, y en mí; creo en ese “nosotros” que aun no tiene nombre, pero que existe; creo en mi constancia, y en mi capacidad; creo en tu corazón y en tu inteligencia; creo en todo esto; te creo... y te quiero.

Y por eso seguiré aquí, CONTIGO, a pesar de que a veces me cueste, y a pesar de que a veces no quieras…




lunes, 9 de noviembre de 2009

El dueño de mi Imperio

No puedo describirlo...
Nubló mi sentido y mi dialecto
la primera vez que me miró a los ojos.

Y qué mirada...
Sólo por ver esos ojos merece la pena vivir.
Y morir.

Y qué sonrisa de niño...
Reconozco que cuando sonrie,
muero durante ese sengundo.
Nuestro segundo.

Y las ganas de estar con él,
sólo son comparables al miedo a perderlo.
Maldito miedo.

Pero, ¿sabeis?,
aunque lo pierda algún día,
lo que crece en mí, durará toda la vida.
Sentimientos.

Porque nunca he querido como ahora,
porque nadie me ha querido como él.

Gracias por devolverme a la vida,
gracias por existir.

Te quiero.

viernes, 16 de octubre de 2009

Otro 16 de Octubre

Un beso, una caricia, un abrazo… gestos algo ñoños, pero puros; tan limpios como el amor que los producen; y tan simples como el deseo de darlos. Hoy no tengo bastantes besos, ni caricias, ni abrazos, para demostrarte, una vez más, lo que siento. Porque, ¿en cuántos besos resumo tus hoy cumplidos veintidós años?

Hoy quisiera decirte, Adri, lo importante que has sido y eres para mí, y todo lo que me ha supuesto tu presencia a lo largo de tantos años. Hoy quisiera poder expresar la alegría que me produce estar contigo este dieciséis de octubre, una vez más, como cada año.

Quisiera decirte que te quiero, que tengo en ti un segundo hermano, y que no sabría caminar si me faltaras tú (mis ojos y mis manos). Hoy querría decirte tantas cosas, empalagosas, cursis y típicas, que por no ser como todos, por no decir palabras en vano; prefiero tan sólo callar, y estar siempre a tu lado.

FELIZ CUMPLEAÑOS.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Insomnio

Noches de insomnio y esperanzas,
de sueños y recuerdos,
de música sin danza,
de intrigas y de anhelos.

Noches de miedos y vergüenzas,
de timidez y complejos.
Noches de pelo trenzado,
por no saber soltarse el pelo.

Noches de soledad y compaña,
de miedos y misterios,
de furia, de rabia y de saña,
noches quemando recuerdos.

Un paso, un silencio,
un llanto, un abrazo, un beso,
un recuerdo de esta vida,
un camino entre los hechos.

¿A dónde me llevas, destino?
si a ti ya no me encomiendo.

Dudo.
Cierro los ojos.
Me duermo.

jueves, 25 de junio de 2009

Un cuento para la vida

- María, ya es hora de acostarse cielo.
- Jooooo, un potito más, ¡porffa! – protestó la niña.
- No hay ratito que valga, venga, a la cama que ya es tarde. - Le decía su madre mientras la llevaba en brazos hasta la cama. - ¿Quieres que mami te cuente un cuento?
- ¡Tiiiiiii! – dijo la niña contenta.

Y entonces Isabel, comenzó a recordar los ecos de aquella vieja historia…

“Erase una vez, un pequeño reino marinero, donde vivían tres niños pequeños: Jezabel, Jalil y Giulia.

Jezabel era la mayor de todos, era una niña muy guapa, y poseía el don de aprender muy muy rápido. Jalil, era un niño simpático, cariñoso y tranquilo, era un niño muy bueno, que siempre estaba pendiente de los demás. Y Giulia, era una niña simpática, buena y quería mucho a sus amigos.

Los tres iban al mismo cole, y se pasaban todo el día juntos: jugaban juntos, reían juntos, lloraban juntos… todo lo hacían juntos, hasta crecer.

El tiempo pasó, y los tres niños se hicieron grandes y fuertes. Jalil, se convirtió en todo un hombrecito, trabajador y honrado, y dedicaba todo su tiempo libre a hacer feliz a sus amigos. Giulia, se transformó en una jovencita estudiosa y muy buena, y por eso mucha gente la quería. Y Jezabel, se convirtió en una muchacha alta y guapa, tanto que todos los niños querían ser su novio, pero también era un poco orgullosa y presumida. Pero después de tanto tiempo, los tres amigos seguían juntos, eran como tres hermanos, aunque Jezabel tenía nuevos amigos, y pasaba mucho tiempo en fiestas con ellos.

Un buen día, Jalil y Jezabel, compraron una cabaña de madera en la playa, con el dinero que habían ganado trabajando, y una bolsita de oro que les había dado el Rey para ayudarles.

Al poco tiempo, ocurrió una desgracia. La mascota de Giulia, Gobbio, se había puesto malito. El papá de Giulia llevó a Gobbio al veterinario, pero éste no sabía qué le ocurría, y Giulia estaba muy preocupada y triste. Jalil, no se separaba ni un momento de Giulia, y le ayudaba en todo lo que necesitaba. En cambio, Jezabel, no se preocupó por Gobbio, ni por su amiga Giulia, y se pasaba todo el rato de fiesta con sus nuevos amigos.

Unos días más tarde, Jezabel discutió con Jalil, y le dijo que ya no quería seguir compartiendo con él la cabaña de madera, recogió sus cosas, y se fue. Pero cuando se fue, Jalil se dio cuenta de que Jezabel se había llevado la bolsita de oro que el Rey les había dado para pagar la cabaña, y se enfadó mucho.

Pasaron unos años, y Jezabel ya no se divertía tanto con sus nuevos amigos. Un día éstos se enfadaron con ella y le dijeron que no la querían. Ella se puso muy triste, y recordó a sus viejos amigos Jalil y Giulia, por lo que decidió volver con ellos.
Cuando llegó al reino, vio a lo lejos la antigua cabaña de madera. Ya no era como antes, ahora era más grande y más bonita. Por la ventana, vio a Giulia, que estaba muy contenta, y sonreía. A su lado, estaba Gobbio, ¡se había curado! Y junto a ellos, vio a Jalil, que hablaba y reía muy contento.

Ahora todos vivían juntos… y sin ella.

Jezabel, comprendió que había perdido a las personas más buenas y que más la habían querido. Se arrepintió de haber sido tan mala con ellos, y se marchó del reino llorando.

En cambio, a Jalil y Giulia, como habían sido muy buenos, todo el mundo les quería, fueron siempre amigos, y fueron muy muy felices juntos.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.”

- ¿Ves, tesoro? Por eso siempre tienes que ser muy buena con todo el mundo, y en especial con tus amigos, y a ellos tienes quererlos siempre mucho mucho… ¿María? – miró a la pequeña, y sonrió al descubrirla dormida.

- Descansa, mi vida – arropó a su hija, y le dio un tierno beso en la mejilla.

jueves, 21 de mayo de 2009

Rey de los luceros

Oh Rey de los luceros, tú que sólo dices mentiras
mientras el más falso de los cariños
me regalas.
Ya no me importa.

Oh Rey de los luceros, tú que guías todos mis actos
según dicten tu voluntad, tus caprichos y tus ganas.
Ya no me importa.

Oh Rey de los luceros, tú que compartes tu vida con otra
mientras que a mi, apenas me dejas unas migajas.
Ya no me importa.

Oh Rey de los luceros, principio y final de mi alma
hoy rompe tus cadenas, esta fiel vasalla.
Porque YA NO ME IMPORTAS.





jueves, 30 de abril de 2009

El Tiempo...

El tiempo, ese viejo enemigo

a quien tanto llegué a odiar

por caminar tan despacio;


es hoy, quien me devuelve la fe,

cierra mis viejas heridas,

y seca de una vez mi llanto.


El tiempo, aquel caprichoso

que te arrancó de mi alma

dejándome hecha pedazos;


hoy retrocede, a hace apenas dos años,

y te devuelve a mi vida

como si nada hubiera pasado.


Y tú me hablas, y me lías,

y dibujas en mi rostro

la misma sonrisa de antaño.


Y hoy, igual que ayer,

con tu sola existencia

paras mi tiempo atontado.


Y sé, que volverá a transcurrir el tiempo,

pero esta vez, si ha de pasar,

deja que sea de tu mano.

domingo, 12 de abril de 2009

Un manual para el diálogo

Kant decía que el diálogo es el camino a la solución de los problemas. Pero, ¿qué ocurre cuando los genera? Para dialogar hay que tener voluntad, sentarse en una mesa y exponer las distintas posturas de forma cordial y clara. Las formas y los detalles son transcendentes para ello, pues en caso de conflicto, nada se presupone, ni se adivina. Luego, para alcanzar algún acuerdo, ambas partes han de ceder en algo, encontrándose la solución en el punto en que ambas concurran.

Así, un buen diálogo se compone de: voluntad, modales y cesión. ¿Qué ocurre cuando alguno de estos elementos falla? Muy sencillo, se acaba el diálogo. Es por esto, por lo que muchos diálogos mueren antes incluso de haber comenzado.

El diálogo entendido como negociación es idóneo para los asuntos empresariales, y para las cuestiones personales de menor transcendencia; pero para las importantes, el diálogo no sirve más que para desahogarse o sufrir. Porque los sentimientos no se negocian, porque el dolor ya sufrido no puede cederse, y porque la decepción no desaparece tan fácilmente, ni cae en el olvido.

Las cuestiones personales se reconocen, se afrontan y se resuelven, yendo a la raíz del problema y poniendo medios para que éste cese. Cuando una persona hace daño a otra, lo primero que ha de hacer es reconocer su error, incluso antes de ofrecer diálogo. Ofrecerlo sin ningún preámbulo, y decir “que por mi parte no quede”, parece algo soberbio, por intentar responsabilizar a la parte dañada de la situación existente, cuando fueron sus propios actos los que dieron lugar a ella. Se empieza reconociendo lo mal hecho, mostrando el arrepentimiento, y entonces, sólo entonces, se ofrece un posible diálogo, para hallar la solución.

Pero, ¿de qué sirve dialogar si no se acaba con el problema? ¿Para qué intentar devolver una mínima parte de la confianza perdida, a quien ni siquiera pretende cambiar? Iniciar un diálogo en esas circunstancias sólo conduce al fracaso, porque no son ambas partes las que tienen que ceder, sino una, la que hizo mal las cosas, ya que la situación es consecuencia de lo que ella hizo, o dejó de hacer. Si esa parte no lo ve así, o no lo reconoce, o no está preparada para oír los reproches que generó ella misma, ante su propio dolor contestará a la defensiva, y sólo conseguirá causar más dolor. E iniciar un diálogo, a sabiendas de que se provocará aun más daño, es absurdo.

En mi opinión, cada problema tiene una solución, y cada solución un procedimiento. Pero, a veces, incluso cuando se hace bien, el procedimiento puede ser muy largo; tanto, como grande haya sido el daño ocasionado.

Porque, no se puede jugar a ser demócratas bajo la dictadura de los sentimientos. Y aun así, no hay diálogo capaz de revivir una confianza muerta. Por todo esto, en cada caso, hay que barajar los pros y contras del diálogo.

jueves, 2 de abril de 2009

Me presento...

Me presento... No soy escritora, ni poeta, ni periodista. No soy nadie que pueda interesar. Pero soy una persona... Y como tal, expreso mis ideas, sentimientos y emociones como mejor puedo, o sé. No sé muy bien que pinto aquí, pero desde hace algún tiempo tengo la necesidad imperiosa de desahogarme, y he descubierto dos cosas: primero, que escribir ayuda; y segundo, que no se me da nada mal...



La realidad es que este blog se lo debo a dos personas, a mis dos niños. Uno, un ser al que adoro, y con el que disfruto y sufro cuando lo leo, mi primo. Otro, el culpable de que me animara a escribir, y la persona a quien le debo más cosas inmateriales en estos últimos tiempos, mi mejor amigo. Dos de las personas a las que más quiero en el mundo, aunque no lo sepan, ni yo se lo diga.



¿Saben? En los momentos malos es cuando se aprende a valorar las cosas. Y personalmente, en este último mes, he aprendido a valorarlo todo... No sabía lo importante que era mi primo, hasta que enfermó; no sabía lo importante que eran algunos amigos, hasta que me apoyaron, o hasta que los perdí; no sabía tantas cosas... Y por desgracia, estoy asistiendo a un cursillo intensivo de esos que da la vida.



He de escribir las cosas como sucenden; pero ojalá pudiera escribir "hoy es cuatro de octubre, y he conocido a unos nuevos Erasmus"... porque ahí comenzó todo. Comencé a vivir... Después de muchísimo tiempo siendo seria y responsable, aprendí a reir, a disfrutar, a ser feliz; pero también comenzó lo malo... La felicidad es una realidad efímera, que a veces cuesta tanto trabajo, y dura tan poco...



Tenía todo lo que quería: a mi nuevos amigos, a los antiguos, a los secretos, a mi familia, a todos; tenía salud, tanto yo como los míos; tiempo; ganas; lo tenía todo, y que poco me duró. En enero comenzaron las batallas iniciales entre mis amigos, y empecé a ver las cosas con mis propios ojos; en febrero, mi primo cayó muy enfermo, y mi familia quedó a expensas de una maldita enfermedad, y de los caprichos que ella dictara; poco después viví la batalla final, perdiendo a la que había sido mi gran amiga, mi hermana. Genial...



Hoy sólo quiero poder escribir que a mi y, sobre todo, A LOS MÍOS nos va bien. Que todo ha acabado. Que sólo ha sido un sueño, un triste y miserable sueño. Pero en cambio, hoy sólo puedo escribir, que para lograr hacerlo, sólo falta un día menos.