Recuerdo mi primer pensamiento al verte… “oh dios, qué guapo” y como se me cortó la respiración. Recuerdo que tu enrevesada personalidad y tu carita de niño bueno, hicieron de ti una droga irresistible, mi única adicción. Cada palabra, cada gesto, cada sonrisa, cada silencio, cada segundo de tu vida inundaba de felicidad mi mundo.
Al principio, me propuse divertirme, disfrutar el momento, dejarme llevar por la alegría que reinaba en mi mundo, pero cometí un error, me enamoré. Recuerdo el primer beso que me diste como si fuera ayer, y aun siento tus labios en la palma de mi mano, ahí cometí el error. Sí si, como lees, me equivoqué.
Me equivoqué porque te lo he dado todo desde ese día, mi lealtad, mi constancia, te di mi vida a manos llenas, sin pedirte absolutamente nada… ¿Y tú qué me das? Me das la extraña sensación de sentirme amada como a una novia a ratos, querida como a una hermana otros tantos, e indiferente como una extraña de vez en cuando. Un día me prometes que soy tu prioridad, que harás lo imposible para que encaje en tu vida; luego te agobias, y paso a ser una amiga; luego más que eso, y después de cara a los extraños, una simple compañera…
¿Qué soy realmente? ¿Por qué si sólo soy una compañera de facultad, te empeñas en que conozca a tu familia? ¿Por qué si te importo tan poco, te aferras a mí? ¿Y por qué si te importo tanto, me desprecias? Por qué, por qué, por qué…
Porque siendo tan grande, eres apenas un niño. Porque pudiendo levantar con tus propias manos 100 kilos, acurrucado en mi vientre te sientes protegido. Porque tienes miedo a todo y a todos, incluso a mí, incluso a ti. Porque no eres consciente de tu grandeza personal, y no sólo física. Porque no te quieres…
Cuando empecé a escribir esta entrada, tenía intención de desahogarme y darte el finiquito, me sentía mal, enfadada conmigo misma por ser así de estúpida y de entregada; pero no… Navego en un mar de dudas, es cierto, pero sólo tengo dos cosas claras: una, que te quiero, y dos, que tus ojos reflejan la inocencia de un niño.
Voy a estar contigo, porque quiero estar contigo. Voy a intentar que ese niño grande crezca en tu interior, voy a abrirte las puertas de la madurez, pero poquito a poco… guardándome mi genio desmesurado, y desarrollando esa mano izquierda que tanta falta me hace, para que un día, sin apenas darte cuenta, seas libre de las cadenas que te atan y te hacen pequeño. Quiero que aprendas a caminar solo en un mundo de adultos, pero por si tropiezas, yo guiaré tus pasos de la mano.
Sé que no será fácil, sé que surgirán miles de problemas, y sé que tenemos obstáculos muy importantes, en forma de seres humanos; pero creo en ti, y en mí; creo en ese “nosotros” que aun no tiene nombre, pero que existe; creo en mi constancia, y en mi capacidad; creo en tu corazón y en tu inteligencia; creo en todo esto; te creo... y te quiero.
Y por eso seguiré aquí, CONTIGO, a pesar de que a veces me cueste, y a pesar de que a veces no quieras…
