El tiempo, ese viejo enemigo
a quien tanto llegué a odiar
por caminar tan despacio;
es hoy, quien me devuelve la fe,
cierra mis viejas heridas,
y seca de una vez mi llanto.
El tiempo, aquel caprichoso
que te arrancó de mi alma
dejándome hecha pedazos;
hoy retrocede, a hace apenas dos años,
y te devuelve a mi vida
como si nada hubiera pasado.
Y tú me hablas, y me lías,
y dibujas en mi rostro
la misma sonrisa de antaño.
Y hoy, igual que ayer,
con tu sola existencia
paras mi tiempo atontado.
pero esta vez, si ha de pasar,
deja que sea de tu mano.

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