jueves, 25 de junio de 2009

Un cuento para la vida

- María, ya es hora de acostarse cielo.
- Jooooo, un potito más, ¡porffa! – protestó la niña.
- No hay ratito que valga, venga, a la cama que ya es tarde. - Le decía su madre mientras la llevaba en brazos hasta la cama. - ¿Quieres que mami te cuente un cuento?
- ¡Tiiiiiii! – dijo la niña contenta.

Y entonces Isabel, comenzó a recordar los ecos de aquella vieja historia…

“Erase una vez, un pequeño reino marinero, donde vivían tres niños pequeños: Jezabel, Jalil y Giulia.

Jezabel era la mayor de todos, era una niña muy guapa, y poseía el don de aprender muy muy rápido. Jalil, era un niño simpático, cariñoso y tranquilo, era un niño muy bueno, que siempre estaba pendiente de los demás. Y Giulia, era una niña simpática, buena y quería mucho a sus amigos.

Los tres iban al mismo cole, y se pasaban todo el día juntos: jugaban juntos, reían juntos, lloraban juntos… todo lo hacían juntos, hasta crecer.

El tiempo pasó, y los tres niños se hicieron grandes y fuertes. Jalil, se convirtió en todo un hombrecito, trabajador y honrado, y dedicaba todo su tiempo libre a hacer feliz a sus amigos. Giulia, se transformó en una jovencita estudiosa y muy buena, y por eso mucha gente la quería. Y Jezabel, se convirtió en una muchacha alta y guapa, tanto que todos los niños querían ser su novio, pero también era un poco orgullosa y presumida. Pero después de tanto tiempo, los tres amigos seguían juntos, eran como tres hermanos, aunque Jezabel tenía nuevos amigos, y pasaba mucho tiempo en fiestas con ellos.

Un buen día, Jalil y Jezabel, compraron una cabaña de madera en la playa, con el dinero que habían ganado trabajando, y una bolsita de oro que les había dado el Rey para ayudarles.

Al poco tiempo, ocurrió una desgracia. La mascota de Giulia, Gobbio, se había puesto malito. El papá de Giulia llevó a Gobbio al veterinario, pero éste no sabía qué le ocurría, y Giulia estaba muy preocupada y triste. Jalil, no se separaba ni un momento de Giulia, y le ayudaba en todo lo que necesitaba. En cambio, Jezabel, no se preocupó por Gobbio, ni por su amiga Giulia, y se pasaba todo el rato de fiesta con sus nuevos amigos.

Unos días más tarde, Jezabel discutió con Jalil, y le dijo que ya no quería seguir compartiendo con él la cabaña de madera, recogió sus cosas, y se fue. Pero cuando se fue, Jalil se dio cuenta de que Jezabel se había llevado la bolsita de oro que el Rey les había dado para pagar la cabaña, y se enfadó mucho.

Pasaron unos años, y Jezabel ya no se divertía tanto con sus nuevos amigos. Un día éstos se enfadaron con ella y le dijeron que no la querían. Ella se puso muy triste, y recordó a sus viejos amigos Jalil y Giulia, por lo que decidió volver con ellos.
Cuando llegó al reino, vio a lo lejos la antigua cabaña de madera. Ya no era como antes, ahora era más grande y más bonita. Por la ventana, vio a Giulia, que estaba muy contenta, y sonreía. A su lado, estaba Gobbio, ¡se había curado! Y junto a ellos, vio a Jalil, que hablaba y reía muy contento.

Ahora todos vivían juntos… y sin ella.

Jezabel, comprendió que había perdido a las personas más buenas y que más la habían querido. Se arrepintió de haber sido tan mala con ellos, y se marchó del reino llorando.

En cambio, a Jalil y Giulia, como habían sido muy buenos, todo el mundo les quería, fueron siempre amigos, y fueron muy muy felices juntos.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.”

- ¿Ves, tesoro? Por eso siempre tienes que ser muy buena con todo el mundo, y en especial con tus amigos, y a ellos tienes quererlos siempre mucho mucho… ¿María? – miró a la pequeña, y sonrió al descubrirla dormida.

- Descansa, mi vida – arropó a su hija, y le dio un tierno beso en la mejilla.

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