lunes, 9 de noviembre de 2009

El dueño de mi Imperio

No puedo describirlo...
Nubló mi sentido y mi dialecto
la primera vez que me miró a los ojos.

Y qué mirada...
Sólo por ver esos ojos merece la pena vivir.
Y morir.

Y qué sonrisa de niño...
Reconozco que cuando sonrie,
muero durante ese sengundo.
Nuestro segundo.

Y las ganas de estar con él,
sólo son comparables al miedo a perderlo.
Maldito miedo.

Pero, ¿sabeis?,
aunque lo pierda algún día,
lo que crece en mí, durará toda la vida.
Sentimientos.

Porque nunca he querido como ahora,
porque nadie me ha querido como él.

Gracias por devolverme a la vida,
gracias por existir.

Te quiero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario